Porque ya probamos el ruido, las promesas infladas y los gritos… y no funcionaron. Este manifiesto propone algo más serio y más valiente: gobernar para estabilizar el país, escuchando a la gente y resolviendo la vida cotidiana con método y responsabilidad.
Leerlo es acercarse a una forma distinta de hacer política: sin imponer, sin maquillar la realidad y sin vender milagros. Es una invitación a pensar cómo ordenar Colombia para que la vida vuelva a sentirse posible.














